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martes, 28 de junio de 2016

La Élite, de Kiera Cass




La segunda parte de La Selección mantiene un ritmo muy similar al de la primera. Ambos se mantienen en la misma línea y son muy parecidos, quizá demasiado, y aunque esto no afecta al interés por la historia puede llegar a aburrir un poco más al lector. Prácticamente la mayoría del libro se puede leer pensando que esto ya lo habíamos leído en el primero, pues a pesar de que se introducen algunas situaciones nuevas no llegan a ser lo suficientemente influyentes en la trama. Aún así, el libro consigue engancharnos tanto como su predecesor, con una protagonista que sigue siendo igual de divertida.


SPOILERS

El tema principal del libro es el que ya sabíamos al terminar la primera parte: la elección de América entre Maxon y Aspen. El principal interés de los lectores es saber por quién se acabará decidiendo, y al finalizar la novela hay un claro favorito. Durante prácticamente todo el libro América está pendiente de Maxon. Somos testigos de cómo sus sentimientos por él van aumentando cada vez más, hasta el punto de estar dispuesta incluso a cuestionarse cómo llevaría el cargo que conlleva tal elección. Piensa cada vez más en él, se preocupa cuando no la visita y empieza a sentir celos de las otras chicas, algo que no ocurría al inicio de La Selección, cuando ni siquiera se consideraba participante. En cambio, esta vez notamos algo más distante a Maxon. Aunque al final descubrimos que sus sentimientos por América no han cambiado, el tiempo que le concede a América para ordenar sus sentimientos acaba afectándole un poco a él también, y su relación empieza a enfriarse. Y era inevitable que esto ocurriera, pues si no tendríamos fuera de juego a Aspen. El distanciamietno entre Maxon y América hace que recupere cierto protagonismo y que tenga más oportunidades frente a Maxon, las suficientes como para mantener la incertidumbre en el lector.

El caso es que el amor de América por Aspen aún perdura, lo cual es normal, pero también lo es que el amor que está empezando a sentir por Maxon sea más fuerte dada la situación, por lo que es completamente lógico que Maxon cobre mucho más protagonismo que Aspen en este libro. Aún así Aspen consigue dar el suficiente juego como para que no tengamos nada claro con quién se quedará finalmente América. Es uno de los triángulos amorosos mejor empleados de la literatura juvenil, pues aumenta muchísimo el interés de la historia, siendo realmente necesario para su desarrollo.
Sin embargo, aunque le siga queriendo, América sólo recuerda a Aspen cuando no le gusta lo que hace Maxon o está enfadada con él. Incluso da la impresión de que le tiene de segunda opción, por si la primera le falla o no es posible. Todo cambia cuando está con él, en esos preciosos momentos robados que pasan juntos en rincones solitarios del palacio, pero en el momento en que se separa de él Maxon vuelve a acudir a su mente.

De esta manera en la fiesta de Halloween parece que América ya tiene claro a quién escoger, y habría escogido a Maxon, pues siente suficiente afecto por él, un afecto que es de sobra correspondido, y con el que Aspen parece no competir. A pesar de pensar en Aspen toda la noche en cuanto está de nuevo por Maxon se le olvida o no le importa tanto, así que podemos ver que sus sentimientos han parecido al fin decantarse. Sin embargo, hay una traba que impide a nuestra pelirroja protagonista decantarse abiertamente por Maxon: el cargo de princesa. Durante toda la segunda mitad del libro se esfuerza por prepararse para dicha responsabilidad y comprobar si realmente sería capaz de afrontarla.

Al fin conocemos el gran secreto de Marlee, su romance secreto y prohibido con el soldado Carter que se salda con un castigo público, en este caso latigazos gracias a la bondad demostrada por Maxon una vez más, perdonándoles la vida y ocultándolos de su padre. Una escena con un toque triste y oscuro que no había aparecido hasta ahora en la novela, más bien alegre y amena, pero que es necesario para conducir la trama hacia algo más serio. Los ataques de los rebeldes en palacio son bastante repetitivos, más de lo mismo, podríamos pensar. Atacan, las chicas y la familia real se esconden y luego todos se mantienen a salvo. Aunque en una de las ocasiones América huya hacia el bosque y vea a los rebeldes, norteños al parecer, se nos da tan poca información sobre ellos que sigue siendo un ataque más. Sólo podemos intuir que buscan libros y que sus ataques buscan más asustar que hacer daño, tal como demuestra la chica que deja ilesa a América. Se deja entrever una subtrama interesante con el tema de los rebeldes, pero una subtrama que aún no se ha trabajado y de la que no conocemos prácticamente nada, a la que se le puede sacar mucho más partido.  Aún con la falta de consecuencias, se intuye que los ataques son cada vez más violentos. Este libro también nos aporta algunos detalles políticos de esta sociedad a través del interesante diario de Gregory Illéa. También me parece de lo más interesante la visita de las alemanas y particularmente de las italianas, con una mentalidad tan diferente a la de ese país y que dan a América todo su apoyo.

Centrándonos en La Selección, el proceso está más interesante que nunca. Con América ya como participante activa y tan pocas chicas el concurso cobra muchísimo más interés. Además, la profunda amistad que parece haberse establecido entre Kriss y Maxon hace que ya no estemos tan seguros de que se decantará por América. Celeste, por su parte, sigue siendo insoportable, pero es un personaje que aporta bastante interés a la historia, por muy mal que nos caiga. Particularmente me divierte bastante la escena en la que América le da su merecido, pues los actos de esta chica son realmente despreciables. Natalie y Elise resultan bastante indiferentes, pero Kriss adquiere mucha más importancia en esta parte, convirtiéndose en la rival más dura de América.

Ya en la parte final América vuelve a demostrar su gran personalidad y esa rebeldía que la ha caracterizado durante toda la saga, desde que se saltaba el toque de queda para ver a Aspen hasta su determinación por ayudar a Marlee en los latigazos. En su presentación propone eliminar las castas de Illéa, así con toda la cara, y yo no puedo evitar pensar “bravo, América”. Este tipo de cosas son las que hacen grandes a los protagonistas, las cosas que hacen en casos de injusticia, de situaciones duras o actos de superación personal. Por supuesto, la manera que tiene de hacerlo no es la más correcta o adecuada, pero sigue siendo un acto que demuestra que sigue siendo ella misma, que no la han cambiado y que defenderá lo que ella considera justo. Son actos que llenan de orgullo al lector y que le hacen admirar a dicho personaje.

Por último, es imposible llegarse a creer del todo amago de la autora que nos hace pensar que América está eliminada de La Selección. Inevitablemente le dan otra oportunidad, y la cosa promete ponerse más interesante que nunca. Por quién se decantará Maxon, a quién elegirá América, si será capaz de superar la responsabilidad que conlleva ser princesa y futura reina, que pasará con los rebeldes y la guerra y la amenaza del rey a nuestra protagonista son las muchas cuestiones que quedan aún abiertas y se resolverán en la tercera parte de esta entretenidísima y muy disfrutable trilogía.


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- No escribe nada, Todd. Que le haya gustado y no nos lo diga me pone de mal humor.
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