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martes, 13 de septiembre de 2016

Harry Potter y La Piedra Filosofal, de JK Rowling




Quién le iba a decir a J.K. Rowling que este libro que empezó a escribir en una servilleta sería el comienzo de una saga que se convertiría en una de las más famosas de todos los tiempos. Y cómo no iba a ser así. No sólo es una historia increíblemente original, con unos personajes entrañables y una ambientación genial, es el inicio de una saga con muchísimo potencial, que nos va a ofrecer mucho más, y en la que nos da a entender que la historia de Harry Potter, el niño que sobrevivió, no ha hecho más que comenzar. 


 SPOILERS

Estupendo inicio que nos explica cómo Harry llega a Privet Drive, presentándonos de paso a algunos personajes de la novela y dándonos ya pinceladas mágicas aquí y allá. Con una narrativa muy ligera se nos presenta a Harry y su desgraciada vida con los Dursley. Es curioso que a pesar de lo mal que se portan sus tíos y su primo con él, se nos muestren crueles, pero sin llegar a ser malvados, casi incluso como personajes cómicos. Esto forma parte de una historia que se nos narra de una manera casi infantil, con mucha inocencia. Harry nos causa pena, pero no llegamos a sufrir con él, lo que no evita que conectemos con el protagonista enseguida. Y eso a pesar de que, después de todo, el personaje de Harry realmente es bastante simplón. Son las circunstancias y los hechos los que hacen que conectemos con él, al menos en un principio. 

Y entonces se nos empiezan a dar toques de magia. Harry hace desaparecer un cristal y dejar libre a una serpiente en el zoo, empiezan a llegar cartas por todas partes, la aparición de Hagrid… van apareciendo elementos irreales y fantásticos, que nos dejan claro que el libro va a rebosar magia por los cuatro costados, lo que lo hace muy especial. Pero la magia no ha hecho más que comenzar.
Rowling nos plantea desde ya, desde el principio, una historia y un misterio que se va a extender seis libros más, la historia de cómo  Harry sobrevivió a Lord Voldemort, un grandísimo villano, que se empieza a construir como personaje desde las primeras páginas también. Nos queda bien claro el miedo que le tienen todos, lo peligroso que es, tanto que ni siquiera se atreven a decir su nombre en voz alta. Aunque aún le vemos como a alguien lejano, pues al fin y al cabo, estamos en el inicio de la historia.

Y a partir de aquí, Rowling nos presenta su grandísimo universo. Una comunidad de magos viviendo entre los muggles, ocultos entre nosotros, pasando desapercibidos. Un banco de magos llevado por gnomos con cámaras subterráneas custodiadas por dragones. Un callejón de tiendas mágicas, que venden calderos y varitas. Un andén nueve y tres cuartos que está entre el nueve y el diez. Y Rowling ya nos tiene ganados. Nos tiene ganados con su poderosa imaginación, con el magnífico mundo que ha creado. Pero aún nos queda por presentar el lugar más espectacular y mágico de este mundo.
Hogwarts. Un colegio de magia. Un castillo lleno de fantasmas, de escaleras cambiantes, pasillos, pasadizos secretos, calabozos, mazmorras, torres, criaturas mágicas, cuadros cuyos ocupantes se mueven solos, un campo de quidditch, un deporte que se juega sobre escobas voladoras, con un lago y un bosque en el que viven más criaturas fantásticas… y un sinfín de detalles más. Un lugar espectacular, al que cualquier niño querría ir, mágico y entrañable al que es imposible no adorar.
Rowling hace que adoremos Hogwarts tanto como Harry. Queremos ir allí. Queremos estudiar Transformaciones, Encantamientos, Pociones… queremos ser seleccionados para una de las casas. Queremos una varita, una túnica, un caldero, queremos ser alumnos de Hogwarts. Queremos ser magos. Queremos formar parte de este maravilloso universo. 

Pero Harry Potter no es sólo una bonita ambientación y unos lugares muy originales, no. También tiene unos grandes personajes. Personajes bien definidos y perfilados. Unos geniales Ron y Hermione, que no estoy segura si se deben clasificar como personajes secundarios, pues su importancia es tal que bien podrían ser co-protagonistas, cada uno con su propia personalidad. Unas personalidades que, sinceramente, son incluso más interesantes que la del propio Harry. Todos los demás personajes tienen también cierto protagonismo, y no se descuida ni un detalle sobre ellos. Neville, Fred y George, Mcgonagall, Snape, Malfoy, Quirrell, Hagrid, Dumbledore… a todos se les da suficientes momentos e importancia para que los lectores los conozcamos, nos encariñemos con ellos o les odiemos.

Pero Harry Potter es aún más que eso. Es más que una ambientación original y unos buenos personajes. Si hay algo que me gusta de Harry Potter son sus tramas. Unas tramas magníficamente elaboradas, que consiguen mantener el misterio hasta el final, con unos giros nada previsibles, que nos hacen disfrutar muchísimo. Este primer libro empieza a hacer gala de todo eso. Unos Harry, Ron y Hermione que poco a poco, casi sin querer, comienzan a darse cuenta de ciertas cosas. Un paquete de Gringotts, un perro de tres cabezas en el pasillo prohibido del tercer piso, un extraño ser que bebe sangre de unicornio en el bosque, Nicolás Flamel y su piedra filosofal… y van atando cabos. Un giro sorprendente al final al descubrirse que el malo de la historia es Quirrell, no Snape. Ay, Snape… qué gran personaje, realmente complejo. A pesar de su evidente odio por Harry trata de salvarle la vida durante todo el libro, lo que es algo confuso, a pesar de que al final Dumbledore nos dice que es así porque el padre de Harry le salvó una vez la vida. Por otra parte, quién iba a decir que el bueno de Quirrell iba a llevar en su turbante a Lord Voldermort. El villano hace su primera gran aparición en la saga, y no decepciona, resultando tan tenebroso como prometía.

A pesar de que el libro cierra perfectamente la trama, quedan algunos aspectos por resolver que dan pie a la continuación de la saga. Algunos de los misterios que se nos plantean no se resolverán hasta los últimos libros. Por otra parte, me encanta la cantidad de detalles que se mencionan y a los que se hará referencia en otros libros, reforzando la relación de los libros entre sí, demostrando que Rowling ya tenía el universo en su cabeza y sabía cómo quería que transcurrieran las cosas, que lo tenía todo pensado y planificado más o menos desde el principio. Y eso, teniendo en cuenta que son siete libros y que se escribieron en un transcurso de diez años, tiene mucho mérito.

Es increíble la cantidad de cosas que pasan en este libro para lo corto que es. Mención especial a cada episodio de cada capítulo, a cual más original que el anterior. El troll en Halloween, los partidos de quidditch, la capa de invisibilidad, el espejo de Erised, Norberto, el bosque prohibido, las magníficas pruebas a través de la trampilla… Un hurra por la imaginación de Rowling. 

En definitiva, puede parecer un libro infantil a primera vista, y casi parece enfocado desde un punto de vista infantil, pero no lo es. Es un libro que nos presenta una historia muy elaborada y mucho más compleja de lo que parece. Es un libro que nos presenta uno de los mundos más originales y mágicos que han existido en la literatura. Es una saga que ha formado parte de la vida de los que hemos tenido la suerte de empezarla siendo niños y terminarla siendo adultos, creciendo junto a ella. Y es que leí este libro por primera vez con nueve años. Catorce años después me sigue fascinando tanto como el primer día.



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- No escribe nada, Todd. Que le haya gustado y no nos lo diga me pone de mal humor.
- Tranquilízate, Tedd. No es bueno para tu salud que te estreses.

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